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  • Jijón Quelal

El cerebro de la biblioteca

Carlos llegó pensando en su tarea de álgebra; sabía que tenía que buscar un libro, pero no tenía idea de cómo. Él vive en la calle Eligio Ancona y Dr. Atl, a unas cuadras del kiosco Morisco, que también está a unas cuadras de la biblioteca. Su mamá le contó que hace poco abrieron una biblioteca muy grande, así que seguramente ahí podría encontrar lo que necesitaba para su tarea.


Carlos sólo tenía claro que la biblioteca estaba cerca del mercado alternativo en el cual él, junto con sus amigos, iban los domingos a encontrar música nueva y algunos parches para su mochila.


Lo primero que le impresionó fue la enormidad del espacio, sus pasillos, su altura... “Es un lugar impresionante”, pensó, “tan impresionante que será imposible encontrar un libro”.

¡Un solo libro!


Asemejó el lugar a un cerebro, un espacio grande lleno de cosas. Le habían dicho en la escuela, en la clase de Anatomía, que las personas solo ocupaban un 20 por ciento de la capacidad total de su cerebro. Y pensó: “Pues yo seguramente no ocuparé ni el 1 por ciento de esta biblioteca”.


Cuando llegó por fin a la puerta de entrada, prefirió preguntar.


- Disculpe, emmm... es que... estoy buscando un libro, pero no se dónde puedo encontrarlo, de hecho, no sé si lo tengan.


El bibliotecario, con una sonrisa un tanto pícara, le preguntó:


- ¿Qué libro estás buscando, chico? Seguramente sí lo tenemos. En esta biblioteca, vamos a tener de todo y para todos.


Era el primer año de apertura de la biblioteca y la gente aún no sabía todo lo que podía encontrar en ella.


- Pues es un libro de álgebra, se llama Baldor. Y mi profe nos dejó unas tareas con él, pero yo no lo tengo, así que pensé que aquí lo podría encontrar.


El bibliotecario, riendo, contestó:

- Claro que sí lo tenemos y seguramente te lo mandaron por las ecuaciones.


Seguido a esto, le explicó cómo registrarse para poder buscar el libro y lo acompañó a la sección en la que podría encontrarlo.


Carlos, estupefacto, vio un mar de libros que se abría ante sus ojos y pensó que ese lugar podría ser su refugio a partir de ahora.


Desde ese día, Carlos va después de la escuela a leer un poco, ya que en el piso 7 hay una sección divertidísima de cómics y libros para adolescentes. Y los domingos, espera a sus amigos en la puerta de la biblioteca, para seguir comprando parches para su mochila.




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